martes, 21 de octubre de 2008

Que no, carajo, que no es un chimpancé

Inspirado en el artículo del buen Jorge Moreno Bernal, intitulo así ésta entrada para hacer un pwned sencillísimo a cierto despropósito del creacionismo. Les aseguro que en realidad resulta de lo más fácil desmantelar este fraude, pero, como diría el buen ceprio, es algo que se disfruta, porque es tan fácil desmontar seudociencia...

Resulta que los maquiavélicos científicos, en su afán de meternos en la cabeza la satánica teoría de la evolución, nos han hecho creer que el famoso fósil de Lucy, era el eslabón perdido entre los monos y el hombre... y resulta que no fue más que un chimpancé de 90 cms...

OH MY GOD!!!

En realidad no. Una sencilla comparación de imágenes bastará para desbaratar soberanamente a estos embusteros.

Comencemos con el cráneo. Unos de los rasgos más distintivos de la anatomía humana es la mandíbula, y con ella nos han enseñado los rasgos que evolucionaron de nuestros parientes simios. A saber, nuestro maxilar inferior presenta una marcada forma de V, mientras que la del chimpancé la de una U redondeada. ¿Y Lucy? Como toda buena Australopithecus afarensis, tenía una graciosa forma intermedia.
Por ahí dirán algunos, pero puede que fuera un chimpancé con mala mandíbula. Obviemos el hecho que las anomalías pocas veces se fosilizan (de por sí fosilizarse para el individuo de a pie es difícil) y veamos en cráneo en su conjunto: las formas de la frente, la misma mandíbula, las cuencas oculares y los senos nasales... y la cereza del pastel, el foramen magnum, aquel agujero por donde se conectan las vertebras cervicales a la cabeza. En el chimpancé se conectan por detrás; en el Australopithecus (como con nosotros), por debajo, lo cual le da la postura bípeda.

Y hablando de ello, echemos un vistazo a las piernas de Lucy =D. En efecto, difieren bastante las estructuras de la pelvis y las extremidades inferiores. El estudio anatómico muestra que los australopitecos tenían la capacidad de caminar en dos pies. Esto se sabe examinando la longitud de la pelvis y el ángulo que forma el eje vertical del fémur con la superficie articular. A las posturas cuadrúpedas, le corresponden una pelvis larga, y un ángulo recto entre el eje vertical del fémur y la superficie articular, siendo el caso contrario en las posturas bípedas, que tienen pelvis cortas y ángulos cerrados. Y este último caso, es el del Australopithecus afarensis.

¿Y que hay de la estatura? Pues Lucy medía un metro aproximadamente... =D

Ésto sólo quiere decir: PWNED!!!

Imágenes obtenidas gracias a Sin dioses.org. La mentirota (como no podía ser de otro modo) es de Chick publicaciones.

domingo, 19 de octubre de 2008

Basilosaurus ¡cómetelos!

Enterado gracias a mi querido diario mañanero, una carta indignada del buen Marco Antonio San Román me hace ver que en algunos lugares las barbaridades de occidente contra los animales no cesan.

Bárbaro ritual en Dinamarca

Los ritos iniciativos, a lo largo de la historia de la humanidad, significaban la inclusión de nuevos integrantes a una sociedad adulta. Yo creí que estas ceremonias, que atentan contra la vida de los animales, eran cosa del pasado. Pero grande fue mi sorpresa al enterarme que en Dinamarca se asesinan delfines para que los adolescentes de este país demuestren que se convirtieron en hombres, un ritual que considero verdaderamente brutal y sanguinario. Cada año, las islas Feroe se convierte en el escenario sangriento donde se ataca sin piedad alguna a los delfines calderones, una especie en peligro de extinción que se acerca naturalmente a los seres humanos, en un gesto de docilidad y sensibilidad. Lo sorprendente es que esta práctica salvaje se realiza desde aproximadamente 1,200 años, y de esta manera se puede acabar con la vida de hasta 2.500 calderones.

Ni qué decir que investigué al respecto. Y en efecto, las monstruosas cifras se confirman. Y justo cuando creíamos que los japos eran los únicos destripadores de cetáceos... al igual que éstos (y ojo que no es una justificación) lo hacen para obtener carne. Pero estos daneses compiten tete a tete con los nipones en demostraciones de salvajismo y crueldad.

A continuación, un video visto en reportajes.org. Se advierte que las escenas son harto chocantes.





Basilosaurus ¡cómetelos!



Foto obtenida gracias al buen Dino. ;)

viernes, 17 de octubre de 2008

Tiktaalik en el paraíso perdido


PSPK tiktaalik by ~JELSIN on deviantART

La obra es de otro paleoartista como pueden ver, no sólo Kawekaweau, Hodari Nundu y un servidor colaboramos con arts para este blog ;).

Inquietante presencia de nuestro ancestro lejano el Tiktaalik roseae, en medio del primigenio jardín de las delicias.

martes, 14 de octubre de 2008

Troodon antitaurino

Bien, no es que tenga mucho que ver con la temática del blog, pero decididamente me pronuncio en contra de las corridas de toro, que pululan especialmente en mi país por la infame Feria del Señor de los Milagros. Aquella barbaridad hispánica (con perdón de mis estimados lectores españoles, habrán de admitir que no es la mejor representación cultural de vuestro país) revive por estos meses, arrastrando consigo rancias costumbres de la clase alta limeña, que sigue empecinada en solazarse con este espectáculo sin nombre.

Para ello, dejo extractos de uno de los mejores columnistas nacionales, César Hildebrandt, sobre esta odiosa temática de la corrida de toros:

El Comercio de la Muerte (publicado originalmente el 27/08/07)

El diario más viejo del Perú –el más viejo del mundo probablemente, el metafóricamente antiquísimo El Comercio– ama la muerte de las bestias. Por eso es que tiene una página “taurófila” malescrita pero tenaz y por eso es que el viernes pasado nos lanzó a la cara las más repugnantes fotos que este escribidor y amante de los animales haya visto jamás: una res, amarrada al poste que la aproxima a la muerte, mira a la cámara pidiendo auxilio desde sus ojos exaltados; otra res, ya masacrada, yace junto a un charco de sangre y sanguaza mientras un camalero la empieza a jalar del rabo, sabiendo que se deslizará fácilmente en esos propios líquidos acabados de derramar.

Esta última foto ocupa la mitad de una página de este papelote que nada, sino regocijo, siente por la muerte de las bestias. Claro, un diario que dice que el espectáculo de Acho es pariente consanguíneo del arte no podía privarse de exhibir las fotos del camal de Chincha en plena actividad y en plena muerte. Sólo que esta vez se pasó de la raya. He hablado con algunas personas que comparten mi hermandad con los animales y me han dicho lo que yo pensé desde que vi esas fotos: El Comercio no tiene derecho de exhibir su tanatolatría como si fuera una virtud, siendo, como es, una de sus vergüenzas.(...)

(...) El Comercio nunca deja de sorprender con sus majaderías. El lunes 30 de julio del 2007, en la página once (tenía que ser) de ese cuadernillo que titula “Luces” y que alumbra la cultura peruana con su foco ahorrador de 25 vatios, se permitió publicar un artículo titulado “Un mecanismo anula el dolor al toro bravo en la lidia”.

Ya el título era idiota y hubiese bastado con él, pero un señor de nombre Bartolomé Puigróss, editor de esa sección, se lanzó a recoger la tesis de un madrileño que debe ser plumífero a sueldo de los matarifes con culito (o sea los toreros), y que ha llegado a la conclusión de que las betaendorfinas (hormonas del placer) liberadas en la lidia neutralizan el dolor del toro. Es más, el plumífero en cuestión señala que los toros que no son arponeados por las banderillas ni desgarrados por la pica ni finalmente asesinados por un analfabeto vestido de maricón (o sea el torero otra vez), es decir los toros bien tratados como en Portugal, ésos sufren más que los banderillados y los matados lentamente en las plazas de la barbarie.

Un encanto de teoría, en resumen. Una tesis “científica” escrita por alguien que acaba de sufrir un severo accidente cerebrovascular. Ya quisiera tener al citado plumífero madrileño, presentado en El Comercio como si de Gregorio Marañón se tratara, a mi alcance para ponerlo bajo el mandato interrogador de don Martín Rivas. Estoy convencido de que sus betaendorfinas se multiplicarían como células cancerosas al ver al maestro Rivas, en traje de luces, preparar sus alicates, afilar el bisturí, enchufar el cuchillo Moulinex y hacerle recordar las mejores imágenes de “Maratón de la muerte”, cuando a Dustin Hoffman un nazi le perfora un diente sano. ¡Cómo gozaría! ¡De qué modo neutralizaría todo asomo de sufrimiento gracias al chorreo de betaendorfinas! ¡Exijo verlo en tan dulce trance! (...)

Tales palabras no han perdido nada de su actualidad. Por cierto que el artículo al que hace alusión Hildebrandt todavía se puede verse aquí. Lástima que su genial artículo solo lo hayan acogido blogs conscientes.
Ah y para finalizar... este amiguito tiene un buen mensaje para los amantes de la tauromaquia:



Y luego quien es el fósil...

jueves, 9 de octubre de 2008

Cómo la tortuga obtuvo su caparazón

Es uno de los mayores misterios de la evolución: cómo los quelonios obtuvieron su caparazón. Sabemos para qué sirve (defensa contra depredadores), pero casi nada sabemos acerca de la manera como evolucionó este mecanismo defensivo en los reptiles anápsidos.

Sin embargo ahora parece haber más pistas al respecto: con el descubrimiento de ciertos restos fósiles en Nuevo México, pertenecientes al periodo Triásico. Hace 210 millones de años, los antepasados de las tortugas, como era de esperarse, no tenían caparazón, sino hileras de placas protectoras en el lomo. Éstas podrían haberse ido uniendo a las vértebras del animal, conforme iba evolucionando, originando así la estructura del caparazón como la conocemos.

A mí en lo personal me parece originalmente tenían una armadura como la del lagarto espinudo, la cual fue modificándose gradualmente hacia el caparazón que conocemos, al irse juntando los pequeños escudos óseos, a la par que se fusionaban internamente con las vértebras del animal.

Los restos en cuestión, son los de una Chinlechelys tenertesta, una proto-tortuga de 30 centímetros de longitud, cuya caparazón era bastante delgada (de un espesor de 1 milímetro) en comparación con las actuales especies. Dicha caparazón no estaba fusionada con las vértebras.

Sin duda aún falta mucho para saber exactamente cómo es que el característico carapacho de las tortugas fue evolucionando, pero con descubrimientos como el de Chinchelys, el panorama empieza a esclarecerse.

Fuente:

* News Scientist.