Bien, sé que no tengo las imágenes del programa, pero así y todo, procedo a narrar un episodio de la serie de Animal Planet,
Las criaturas de Nick Baker (quien es tan popular, que hasta
sale en el fotolog XD), que comenzaba con una expedición al Museo de Historia Natural de Londres, donde se guardaba un imponente ejemplar de Glyptodon, el acorazado armadillo prehistórico.
Ante éste soberbio ejemplar de los armadillos, uno no puede dejar de fascinarse ante las obvias diferencias que presenta este tanque del Pleistoceno con sus pares actuales. Su lomo ostentaba durísimas placas hexagonales duras, en comparación con las flexibles bandas de los actuales armadillos. Semejante mole no necesitaba hacerse bola ante el peligro, pues además de blindado, estaba dotado de una cola que recuerda a la de los anquilosaurios. Sin embargo, como posteó Dinorider por ahí, estas criaturas
no eran invencibles.

Volviendo al tema, el Museo no sólo albergaba ejemplares en exhibición del gigante fósil, sino también a sus actuales parientes, disecados y exquisitamente preservados. Uno capturó poderosamente la atención de Baker: el armadillo de las pampas. Un ejemplar minúsculo del
Chlamyphorus truncatus, localmente conocido como pichiciego, pues a los armadillos comunes les suelen llamar
pichi.
No mide más de 10 centímetros, y tiene forma alargada, con patas cortas y uñas largas para la excavación. Me hizo recordar al
Peltephilus, otro armadillo prehistórico, sólo que éste medía 6 metros y tenía un par de cuernos encima de su morro.
Nick Baker y su equipo de grabación parten pues a la Patagonia Argentina, donde siguiendo los pasos de Charles Darwin, pretenden dar con el elusivo armadillo pampeano, de quien no se sabe mucho al respecto dicho sea de paso, pues muy pocos, incluidos los campesinos locales, lo han visto en su hábitat natural.

En la provincia de Mendoza, van tras su primer armadillo, el típico armadillo de 3 bandas, el redondito y de orejas cortas. Estos ariscos animales tiene rasgos curiosos, como el hecho que el macho posee un pene largo y flexible... vamos, se supone que debe montar a la hembra, y la redondez del carapacho y la cola suponen sendos obstáculos para la cópula, que éste sortea gracias a su bien adaptado miembro viril.
El mismo Darwin no pudo dar con el elusivo pichiciego, pero en el camino pudo encontrar Baker, vizcachas y guanacos; a éstos últimos llamó la atención con un truco con el cual esperaba atraer armadillos, que consistía en revolcarse en la tierra agitando al aire los brazos y piernas... apenas atrajo sobre sí la atención del semental, a quien ya de por sí fastidiaba con su presencia... y es que hay que se ser Nick Baker o estar muy loco para intentar eso. Todo sea por el pichiciego.

Sin embargo seguían sin dar con él... hasta que un humilde gaucho les dio una esperanza, pues en su rancho, es común verlos. Golpe de suerte pues, y de paso que se enriquece la información sobre el armadillo pampeano: es de hábitos nocturno, y a diferencia de su pariente de 3 bandas, no es tan arisco, pues en palabras del gaucho es "bien mansito". Me imagino, pues por la forma que tiene no puede enroscarse, aunque no por ello deja de tener las largas uñas propias de su especie.
Acto seguido, Nick y su equipo empiezan a instalar trampas, que no pueden ser más simples y al mismo tiempo prometedoramente efectivas: cubetas enterradas en la arena. Cualquier bicho que camine inadvertidamente caerá dentro, y con algo de suerte, un pichiciego quizás.
Complementando las trampas en el suelo, está un equipo de visión térmica y otro de visión nocturna, aparatos de buena tecnología que asegurarían la captura en imágenes del armadillo.
No resultaron sin embargo las cosas como esperaban, pues las trampas no revelaron nada que no fuesen lagartijas, insectos, roedores... pero ningún pichiciego. Sin embargo, en una ironía del destino, resultó que la madre del gaucho en cuyo rancho hurgaban, había tenido un pichiciego de mascota. Por ahí hubieran empezado... sin embargo resultó una lástima que el ejemplar que les mostrara la humilde señora, ya estuviera muerto.

Y eso fue lo más cerca que pudieron estar del elusivo armadillo pampeano. Cuando Baker tuvo entre sus manos al pequeño disecado, no pude menos que preguntarme si sólo de ese modo podríamos establecer contacto con esa especie... a través de restos muertos, que nos hablan de una especie que si bien comparte con nosotros su espacio en la Tierra, para bien o para mal, rehuye todo contacto con nosotros, hasta hacer de su existencia, algo que raya en lo legendario.