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viernes, 13 de junio de 2008

Archivo Seudociencias: Cuando no se sabía del KT

Decido inaugurar una nueva sección en mi blog, a casi un año de haber triunfado la infame causa de JJ Benítez contra el periodista Luis Alfonso Gámez, más conocido en la blogósfera de allende de los mares como Magonia. Aquí figurarán investigaciones y revisiones de los disparates que dicen los criptozoólogos, ufólogos, investigadores paranormales y demás charlatanes. También hago esto a raíz de haber visto la peor película de la saga de Indiana Jones (lo bueno: la vi en DVD; lo malo, en ése tiempo pude haber avanzado en mi lectura de Feuerbach), que ha vuelto a poner sobre el tapete el odioso tópico de los prometeos extraterrestres.

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Ciertamente la tesis de que los extraterrestres inspiraron a egipcios y pueblos precolombinos su rica y magnífica cultura, tiene un trafondo racista: este criterio no vale para los pueblos occidentales, y curiosamente tampoco para los mesopotámicos y hebreos. Pero si hubo un apasionado ufólogo, obsesionado con llenar de extraterrestres la historia y la prehistoria, éste fue el mexicano Tomás Doreste, de quien conseguí hace algún tiempo, algunas obras prestadas.

En el Volumen 2 de su obra "Grandes temas de lo oculto y lo insólito", en el capítulo: Cuando el mundo aún no era mundo, postula una extraña teoría sobre la extinción de los dinosaurios: perecieron a causa de la intensa radiación de una explosión de supernova, que acaeció hace 65 millones de años, justo cuando la tierra estaba con su defensa del cinturón magnético de Van Allen. Curiosamente, líneas antes nos dice que fue otra supernova la que les dio origen; como no podía ser de otro modo, incluyendo a sus ubicuos extraterrestres-que-hacen-y-deshacen.

Dejemos que el mismo Doreste nos lo diga:

Ésta supernova de hace doscientos millones de años fue provocada por una inteligencia superior, que deseaba obtener seres bípedos a su imagen y semejanza: el ser humano. Pero fallaron los cálculos y resultó una caricatura, una bestia monumental, con andar humano, dotada de un cerebro desproporcionado que para nada servía. (...)

La siguiente supernova estallaría a una distancia perfectamente calculada, para que sus efectos no resultasen demasiado violentos. Echaron mano del hidrógeno, elemento que tanto abunda en el universo, y produjeron una superbomba nuclear. (...) Desaparecieron los grandes reptiles y prosiguió lenta pero inexorablemente la evolución hasta culminar en la aparición de los seres humanos.

Ahora resulta que no sólo la extinción, sino la evolución de la vida en la Tierra, estaba condicionada a la voluntad de esos misteriosos alienígenas. Pero nuestro querido magufo, remacha mas adelante:

¿Resultó el ser humano tan perfecto como hubieran deseado los seres superiores que regían -o siguen rigiendo- los destinos de nuestro planeta? La respuesta es negativa. Una ojeada al cerebro de hombre demuestra que tan sólo una tercer parte del mismo funcona a plena capacida. (...)

Somos acaso como los dinosaurios de la era Secundaria, que estamos esperando la llegada de otros seres superiores que activarán una supernova para aniquilar a la humanidad y producir seres humanos más perfectos?

Por supuesto, para la fecha en que se escribió esto, 1979, la teoría de la extinción por culpa de un asteroide, no estaba tan difundida. De hecho el paleotecnócrata me comentó en una ocasión que hasta las piedras de Ica la pretendieron poner en duda (y cómo no, ahí estaba el infaltable Benítez).

Actualmente, sabemos que hace 65 millones de años, los dinosaurios en contraron un dramático final a causa de la caída de un asteroide en la actual Yucatán. Se extinguieron todos, menos los que evolucionaron en aves, y ello dejó abierto el camino a los mamíferos, que a su vez produjeron por evolución, al ser humano.

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Bueno, fue fácil desarmar a este charlatán. Ya lo saben: Tomás Doreste le plagió a Michael Crichton, la idea de un Parque Jurásico.

Para el próximo archivo: Iker Jiménez y el Mokele Mbembe (o como rayos se escriba). ;) Es todo por hoy en el Mundo Troodon.